lunes, 24 de agosto de 2009

De los acontecimientos inesperados y los mensajes ocultos

Ya lleva tiempo y nada pasa...

Dicen que se cayó un avión allá por la gran avenida, donde esta siempre lleno de coches, las casas se entremezclan y llegan a ser indistintas para la gente que va pasando.
El trafico por lo general es lento, como si los demás tuvieran toda la existencia para esperar a que los autos circulen...Como si el tiempo no pasará y como si en un respiro no se nos escapará la vida de las manos. Se provocan embotellamientos a diario, la inseguridad, el ruido, los gritos, la prisa...Todo ese movimiento...y aún así, la espera es infinita...Más aún el día de hoy; todo se ha vuelto confuso desde hace 40 minutos que el cielo se tornó de fuego y que los gritos se volvieron lastimosos, desgarradores. Las voces a lo lejos ya no eran de reclamos ni de enojos, eran suplicantes, gente clamando auxilio por doquier, la confusión, la neblina...La escena era por demás increíble; quién diría que la noticia de aquel desdichado accidente ya había recorrido toda la nación, y más aún, el continente y el planeta enteros.
Quién iba a imaginarse también, que el que iba a bordo de la aeronave que cayó justo en ese momento, en ese día, en esa gran avenida donde nunca había ocurrido algo semejante era nada más y nada menos que el secretario de gobernación; mano derecha del presidente constitucional de nuestro país.
Uno nunca se preocupa si no es necesario; ¿Qué podemos esperar entonces?
Y es que el problema no es que uno se preocupe, uno no se OCUPA hasta que le toca, hasta que le afecta, uno no abre los ojos hasta que le cae el balde de agua encima.
¿Será que ya es tiempo de que uno se ocupe en vez de preocuparse?
¿No es acaso un poco irónico el llamado entonces?

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